Uno de dos: Monomeme vs. Binameme o los estandares de grabacion sonora como limites de una realidad sonica construida a la carta
La nostalgia aplicada a los consumos culturales suele dejar de lado, malentendidas razones estéticas de por medio supongo, los procesos tecnológicos que movidos por la novedad crearon realidades inconmensurables no del todo exploradas, ya sea por confundir moda solo como novedad o, partiendo de allí, por rechazo a los procesos históricos que construyeron tal preferencia, dejando de lado su parte autorreferencial como eje a explotar a futuro en el mejor de los casos (Cultura Meta).
La fascinación poética por el sonido que irrumpió en el mercado del arte a través de los primeros e inestables procesos de grabación se agoto en sus primeros momentos, fines del S.XIX hasta casi mediados del siguiente, mientras se intentaba resolver culturalmente un aspecto central de sus características esenciales: la resolución.
Mas allá del conflicto mimético que trae aparejado todo primer ensayo en técnicas de aparente "conservación" de la realidad, el sonido con su carácter evocativo pero eminentemente presencial, al involucrar su ejecución temporal trajo en su seno la siguiente reflexión técnica: el registro debía considerar el criterio del emisor o el receptor era quien determinaba el mismo.
Partiendo de las jerarquías dinámicas que tal relaciona genera, origen y destino se ven las caras nuevamente en la polisémica disputa de todas las realidades, platinistas o aristotélicas, el usufructo medible de tal conflicto provoca, paradójicamente, uno de los mayores silencios que el progresismo cultural en su evidente declive capitalista esconde.
La realidad como constructo sensorial requiere de ciertas referencias culturales que deben sostenerse ya no a capa y espada pero si a fuerza de otros medios, la perdida de poder adquisitivo que la apreciación de lo múltiple sufre ante la escena libertaria, no llegando a cubrir el siempre móvil limite que la angustia desplaza cada vez mas hacia lo inverosímil o su equivalente individualista en la distribución asimétrica con que los estados posmodernos convencen a las masas en un orden tan abstracto como necesario para sus fines.
Económicamente hablando, el sonido monofónico o monoaural mas allá de su austera tecnología, representó en su momento la puerta de entrada al conflicto de la temporalidad del sonido grabado, como primer novedad del fenómeno abordo a los sujetos desde el abismo con que lo perecedero descubre sus propias limitaciones, una vez puesta a rodar la idea, su imparable avance solo necesitaba del tiempo para recrear el jardín sonoro universal con que el progreso iluminista esperaba agasajar a sus privilegiados.
Una vez generada la costumbre que solo la ansiedad desmedida considera intransitable, el doblado estereofónico e incluso, el duplicado de este en cuadrafonías, octofonias y progresivos potenciales de reproducción pasan de logro comercial en si a anécdota ante la proyección que finaliza en la nube de datos global que concentra una alta proporción del registro fonográfico de la humanidad.
Como brusco reduccionismo y abrupto cierre, el siguiente video y su correspondiente enlace informativo:

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